Los borbones(y Cristina)en pelotas

Un paseo virtual por las redes en el último fin de semana es, sin duda, una prueba irrefutable del ingenio humano y el sentido del humor con el que muchos encajan determinadas noticias. No había pasado una hora desde que se diera a conocer la noticia de sentencia del Caso Noos cuando ya circulaba por el universo paralelo que es internet el primer chiste sobre la Infanta Cristina de Borbón, la que ha convertido a España en una Paga(in)fantas, según el meme más popular.

La caricaturización de la monarquía tiene tanta tradición en la España contemporánea que no resulta extraño que se haya alcanzado semejante velocidad a la hora de encontrar el chiste rápido. Desde que los hermanos Bécquer o Francisco Ortego –los historiadores de la prensa y los filólogos no acaban de ponerse de acuerdo sobre la autoría- presentaran aquellas explícitas imágenes de la reina Isabel II en la serie Los Borbones en pelota, los humoristas gráficos han derrochado tinta e ingenio enfatizando las cualidades que popularmente se hayan adjudicado a los diferentes monarcas y a sus familias.

La saturación de mensajes de whatsapp, tuits y post en facebook hacen inevitables las comparaciones del personaje real de moda: Cristina de Borbón con sus antecesores como objeto de burla. Cierto es que la estrategia de defensa de la hija del Rey Juan Carlos I lo puso fácil a caricaturistas y humoristas más o menos amateurs. Negarlo todo, amparándose en la ignorancia y en una teórica fe incondicional propia de una amante e incauta esposa, ha funcionado ante el tribunal, aunque a la justicia de la calle le parezca una broma del mal gusto. Nada nuevo en el horizonte.

El caso es que los abogados de la Infanta han preferido mandar al garete más de un siglo de lucha feminista si con eso libraban a doña Cristina del trullo. Y ha funcionado.
Hace 3 años, se sentaba la imputada ante el juez y mantenían el siguiente diálogo:

-Juez: Usted debe saber que al constituir una sociedad con su marido se desprende de hecho y de derecho una voluntad inequívoca de que el dinero que se ingrese en esa sociedad sea de los dos ¿no?
-Infanta: Desconozco con la mecánica
-Juez: En una sociedad al 50% del dinero que se ingresa parece obvio que la mitad le pertenece a usted y la mitad pertenece al señor Urdangarin
-Infanta: No lo recuerdo

Hace 128 años nada hubiera chirriado. Entonces, en el año 1889, el Código Civil publicado como Real Decreto en julio decía expresamente que la mujer debía obedecer al marido (artículo 57), que estaba obligada a seguirle allá donde quiera él (art. 58) y que el marido es el administrador de los bienes de la sociedad conyugal (artículo 59), salvo estipulación en contrario. Trasladado a 2017, el papel de Cristina de Borbón era el de la esposa perfecta, que pone en manos de su marido todo lo referente a la economía familiar.
Tan bien ha interpretado su papel la Infanta que hasta cumplió con el artículo 62 del Código que decía que las mujeres sólo podrían gestionar gastos cuando afectasen a “cosas que por su naturaleza estén destinadas al consumo ordinario de la familia en cuyo caso las compras hechas por la mujer serán validas. Las compras de joyas, muebles y objetos preciosos hechas sin licencia del marido, sólo se convalidarán cuando éste hubiese consentido a su mujer el uso y disfrute de tales objetos”. Y allá fue doña Cristina con la tarjeta de Urdangarín a gastar casi 300.000 euros en gastos familiares, material escolar incluido.

Por esas curiosas casualidades de la historia, quien rubricó la redacción de aquel Código, fue la tatarabuela de la imputada, su tocaya la regente María Cristina, a la que los tuiteros del XIX –periodistas, autores de coplas y humoristas- llamaban “Doña Virtudes”, la encarnación del ideal femenino burgués; la madre abnegada que tuvo que asumir la responsabilidad de dirigir la empresa de su marido por el infortunio de su viudez.

El Código Civil fue aprobado en 1889 tras décadas de discusión y fue una de las pruebas de la modernidad del nuevo régimen en el que la monarquía intentaba sacudirse su absolutismo a base de cesiones al parlamentarismo. La norma, similar a la de otros países europeos del momento, continúa vigente 128 años después, aunque fue obviamente reformada gracias, entre otros, al esfuerzo de la lucha feminista.

Es posible que la amnesia de Cristina de Borbón le impidiera recordar que hace más de un siglo que al ángel del hogar le salieron cuernos y rabo. ¡Demonios de mujeres!

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