Dorothea en la memoria

One nation, Indivisible, San Francisco

Mano en el pecho, mirada al cielo, palabras al viento y una sensación cercana al éxtasis. Nada como el patriotismo para nublar la razón o, en el caso que nos ocupa, oscurecer la infancia. Y eso que sus protagonistas parecen pasarlo como nunca. Basta echar un vistazo a la sonrisa y mirada de la niña que ocupa el centro de la imagen para conmoverse y sentir la diversión. Viéndolas casi es posible oír la perorata fervorosa.

I pledge allegiance to the flag of the United States of America,
and to the republic for which it stands, one nation under God,
indivisible, with liberty and justice for all.

¡Y un cuerno! Eso respondió el índice de Dorothea Lange al pulsar el disparador de su cámara y congelar el momento en el que aquellas alumnas de la escuela pública Rafael Weill del Pequeño Tokio en San Francisco (EE.UU.) juraban lealtad a la bandera de un país que estaba a punto de obligarlas a empaquetar sus cosas e ir a uno de los campos de reubicación –un eufemismo- que el gobierno de Roosevelt creó para todos los japoneses y descendientes de los mismos después del ataque a Pearl Harbour.

Hoy es 19 de febrero. Hoy es el Día de la Memoria, instituido por la comunidad japonesa de EEUU para no olvidar que el 19 de febrero de 1942 el país que juraba “justicia para todos” firmó la Orden ejecutiva 9066 para reubicar a una parte de la población en campos de aislamiento. Para entonces, Dorothea Lange ya se había consagrado como una de las grandes figuras de fotorreporterismo. Hacía un lustro que había recorrido los campos retratando la cruda realidad de la comunidad rural tras la Gran Depresión. Aprendió a retratar la realidad social, a poner cara a la injusticia. Su obra “Mujer migrante”, tomada en aquellos años, se convertiría en un verdadero icono del éxodo interno y de la dureza de la vida de quienes huían del campo a la ciudad, en particular de las grandes parias: las niñas y las mujeres.

Quizás por ser mujer o por su condición de enferma –nunca se recuperó del todo de la poliomielitis sufrida en su infancia- Dorothea Lange fue especialmente sensible con quienes sufrían. En los inicios de la fotografía, sus autores habían jugado a componer las escenas como si de lienzos se tratase. El reporterismo gráfico tampoco escapó en sus inicios a ese intervencionismo y hasta la famosa “Muerte de un miliciano” es cuestionada. Y, en todo esto, la obra de Lange apareció con la autenticidad que con el tiempo habría de exigirse a los fotoperiodistas.

Por eso resulta imposible dudar de que aquellas alumnas de quinto grado de la Escuela Rafael Weill lo estaban pasando bien recitando su juramento, que sus sonrisas eran fruto de su inocencia, la misma que les permitía vivir ajenas al terror impuesto legalmente por los Estados cuando llega la guerra y las patrias ocultan las sonrisas de las inocentes.

Más en
http://collections.museumca.org/?q=collection-item/a67137660021
http://www.sfmuseum.org/hist10/lange2.html
http://www.lavanguardia.com/historiayvida/japoneses-estados-unidos-segunda-guerra-mundial_11482_102.html
https://www.archives.gov/news/articles/japanese-internment-75th-anniversary

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