Breve historia sobre la relatividad del tiempo o cuando Pemán quiso ser feminista

Pocas ideas han cambiado la cultura occidental de la manera que lo hizo la enunciada por Albert Einstein cuando planteó de sus Teoría de la Relatividad general y especial. La derrota del positivismo que supuso el abrazo de la comunidad científica a las ideas de la nueva Física impregnó la manera de pensar de Occidente y no sólo en los laboratorios; también en los archivos.

La Historia fue una de las áreas afectadas por el relativismo. Quienes estudiaban el pasado abandonaron los postulados del historicismo positivista en favor de nuevas propuestas metodológicas que coincidían en una misma idea: el tiempo no es lineal ni implica en sí mismo progreso. Esa idea encerraba la mayor cura de humildad que hasta entonces habían recibido los historiadores, al fin y al cabo, si el paso de los años no garantiza el avance social ¿cómo seguir mirando a nuestros antepasados con la prepotencia de creernos mejores?

La Biblioteca Nacional conserva las ediciones de dos revistas femeninas que llevan el mismo título: Ellas. La primera se publicó entre septiembre de 1851 y enero de 1853. La redacción de la primera estuvo compuesta íntegramente por mujeres y su directora, Alicia Pérez de Gascuña, escribía en el primer número:

La Europa entera se ha estremecido al solo preludio de nuestra cruzada femenina; todos los países han escuchado atónitos el grito de regeneración dado por nosotras, y el prospecto de Ellas ha producido una confusión general, siendo un enigma que nadie alcanza a comprender ni a descifrar”. Y concluye: “!Abajo la soberanía cruel del hombre!

En los 7 ejemplares que conserva la Biblioteca Nacional es posible leer opiniones que fueron directas a la línea de flotación del sistema patriarcal en asuntos como la educación de la mujer, el gran tema del primer feminismo, pero también en otros como el amor romántico o la seducción, para los que usaron a menudo el humor. Eran las señoras descaradas y frescas del XIX.

La segunda Ellas se editó entre mayo de 1932 y enero de 1935. También en sus primeras páginas subrayaba el editorial la valía de las mujeres, aunque en un sentido diferente:

… la cultura exdusivamente masculina ha sido agotada y minada por la guerra mundial. Por esto, durante estos últimos años de duras pruebas, la mujer ha empezado a desempeñar un papel considerable…

Eran los años 30, España se subía al carro de la modernidad una década después que otros países europeos, pero también una década antes que otros como Francia o Italia. Por fin, las mujeres iban a poder votar, la gran reivindicación de las sufragistas del cambio de siglo. La Revista Ellas defendió ese derecho al voto y animó a las españolas a ejercerlo. Llenó sus páginas de mujeres que sirvieran de ejemplo al resto. Habían pasado 80 años desde que Alicia Pérez de Gascuña escribiera aquel editorial reclamando una posición para las mujeres.

El avance emancipador parecía evidente. Sin embargo, aquella revista Ellas completaba su ideario diciendo:

Vivimos los españoles—los españoles no dimisionarios, amantes de nuestra tradición—un momento trágico de dolor y de angustia. Y estas horas así son siempre las horas de la mujer. Porque, la mujer, ante el dolor, es más fuerte que el hombre, y junto a la cabecera del enfermo, es de ella siempre el puesto y la primacía… Por eso, en este momento de enfermedad de España, hace falta a su cabecera la mujer. Hace falta como ayer hacía falta en el campo de batalla: como enfermera, como curadora…

Ése era el puesto que la segunda revista Ellas reclamaba para las mujeres, el del cuidado. La Revista Ellas fue una de las publicaciones que la propaganda derechista utilizó para tratar de atraer el voto femenino a los partidos conservadores. Estaba dirigida por José María Pemán, escritor e ideólogo de la derecha monárquica. Era una revista para “las mujeres españolas” que a su entender eran “todas las mujeres cristianas y patriotas”.

Las mujeres españolas votaron por primera vez en unas elecciones generales en 1933. Ganó la Derecha y desde entonces se las responsabilizó a ellas. El voto de las mujeres estuvo dirigido por los curas, se dijo. En esa idea se basó el reparo del propio Partido Socialista cuando dejó sola a Clara Campoamor en su batalla por el voto. Una idea ampliamente rebatida por estudios que contextualizan aquel resultado en el auge de la ideología fascista que en los años treinta enamoró a media Europa.

La comparación entre el esperanzador espíritu rebelde de las creadoras de Ellas y el uso del feminismo como arma del conservadurismo es la prueba de la invalidez de aquella ingenua idea del tiempo lineal en permanente progreso.

Como explica Silvia Díaz Escoto, la implantación del nuevo paradigma que sucedió a la Teoría de la Relatividad permitió que la incertidumbre impregnara la Historia dejando sentir el mismo vértigo que en otras disciplinas cuando abandonaron el determinismo. Superado aquel temor inicial, la Historiografía del siglo XXI trabaja con una única certeza: no existen las verdades absolutas ni los logros eternos. Sólo así se puede mirar la historia del feminismo sin caer en el desánimo cuando además de estudiar esa corriente de pensamiento político se cree firmemente en ella.

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